Dulces en Alemania - No aceptes nada de los extañosPues parece ser que esa típica frase con la que nos hemos criado la mayoría en España aquí no aplica. Es algo bastante peculiar el tema de los Dulces en Alemania.

¡No aceptes dulces de extraños!

Es otra de las cosas que ya me habían comentado, pero ahora lo voy viendo con mis ojos.

Aquí la frase de “No aceptes regalos de extraños” ni la deben haber escuchado. Y es que parece que es lo más habitual del mundo. A la mínima, todo el mundo les ofrece cosas a los niños ajenos. Con toda su buena intención. Ya sea en el parque, o esperando en algún sitio. Galletas, chocolatinas, caramelos… Y además, queda un poco mal decir que no, y la gente se queda como sorprendida. Aún así, yo como voy por libre siempre que puedo les digo que no gracias…

Pero claro, cuando puedes. Porque a la mínima, se lo dan directamente al niño. Incluso sin estar tu al tanto. La verdad es que me parece una costumbre bastante incómoda.

Yo a varias personas ya de más confianza les he “regañado” y explicado que deberían preguntar siempre a la madre y nunca ofrecer directamente al niño. Que aparte de que le pueda parecer mal a la madre, los niños pueden tener alergias, caries, o vete tu a saber.

 

¿Demasiada confianza?

En general, se ve que aquí la gente parece vivir menos emparanoiada. Son mucho más confiados, o les han pasado menos cosas. Igual que me chocó tanto que las puertas de las guarderías estuvieran siempre abiertas.

 

La relación de la gente con los dulces en Alemania

Pero sin embargo, hay una fuerte corriente “anti-azucar” en Alemania. Tienes montones de gente que se horroriza de que los niños coman dulces, está prohibido en muchas guarderías y colegios. Te dicen que el almuerzo debe ser todo sin azúcar, nada de chocolate, zumos, batidos, ni bollería. Ni siquiera pan con miel.

Pero por otro lado, el pasillo de dulces de cada supermercado de barrio es 6 veces más grande que el espacio para la leche. Y como dice mi marido, es el único sitio donde ha visto gente, usualmente abuelitas comprándose bolsas de ositos de gominolas en la línea de caja. Y no, no para sus nietos (o no solo), sino salir del super y empezar a comer.

No sabemos muy bien las raíces del asunto, si es que esta mentalidad de que los niños no coman azúcar ya viene de lejos y por eso los adultos se resarcen a conciencia o qué.

¿Vosotros qué pensáis?

Y por no hablar de la fama de la bollería y repostería alemanas… El pasillo de los supermercados dedicado a repostería también tiene bastante amplitud.

 

¡Saludos a todos, y no os paséis con los dulces!

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