Recuerdos, Primera Parte.

Era un día soleado en Prontera, y la gente rondaba por las calles, o charlaba sentada en la plaza. El bardo volvía a su casa después de haberse sacado unas cuantas monedas con sus recitales, cuando se fijo en algo bastante inusual… La puerta de la vieja pensión estaba entreabierta.

Se sorprendió enormemente… aquella pensión llevaba años cerrada. Algo extraño debía pasar, por lo que puso una flecha en su arco, y entró sigilosamente a la casa. La poca luz que entraba por las ventanas prácticamente cerradas dejaba ver lo descuidado del lugar, una gruesa capa de polvo lo cubría todo. Dejó abierta la puerta para que entrase algo de luz, y se adentró en dirección a las habitaciones, de donde provenía un ruido apagado. Al pasar por el salón, vió como una pesada espada reposaba sobre la mesa, y alzó su arco con algo de temor, mientras entraba a uno de los aposentos.

Sigue leyendo